Forjados a fuego
Bienvenidos a este blog donde trataré de asuntos relacionados con todo tipo de filos, puntas, mantenimiento y afilado.
En primer lugar quisiera hacer un alegato en pro del afeitado clásico. Todos conocemos el amplísimo mercado de maquinillas eléctricas, multihoja, sumergibles, de usar y tirar, etc. Poca gente, sin embargo, conoce el afeitado clásico, con navaja de barbero.
Este afeitado, en mi opinión, es superior a todos los demás. Primero porque no requiere una compra constante de suministros, no genera desperdicios significativos, es mucho mejor para la piel y no nos hace entrar en una espiral de recambios y fiorituras superfluas. Aquí se habla de tener un filo agudo como un bisturí, un poco de conocimiento acerca de su mantenimiento y poco más. Se trata de invertir una sola vez en una buena navaja de afeitar y saber mantenerla.
Desde un punto de vista más místico, si se me permite, los hombres tenemos menos ocasiones de "cuidarnos a nosotros mismos" o "tomarnos nuestro tiempo" que las mujeres. Afeitarse con navaja es una ocasión especial para disfrutar y cuidar nuestra piel. Cada vez que uno pasa el filo por su rostro está exfoliando y rejuveneciendo su cutis. El ritual de la preparación, suavizar la hoja, montar el jabón a punto de nieve, aplicarlo suavemente con la brocha sobre nuestra faz, es una operación que pacifica nuestro espítiru. Qué decir del momento en que pasamos esa hoja cortante como cien katanas por nuestra cara, nuestro cuello, ese momento en el que se es consciente de que un movimiento en falso puede resultar en un corte significativo. Ese tiempo es tiempo de concentración absoluta, de mantener la respiración, de escuchar el "ris-ras" del filo apurando nuestra barba. Es, en resumidas cuentas, lo que yo entiendo como meditación.
Afeitarse bajo la ducha, o con el último modelo eléctrico, está muy bien y optimiza nuestro tiempo. Sin embargo, dedicarnos un tiempo a cuidar nuestro utensilio, más longevo que nosotros mismos, concentrarnos en una tarea que cuida nuestra piel, rasurarse cada vez con una hoja mejor que cualquier otra hoja nueva del mercado, es una ocasión para focalizar nuestra mente completamente, un momento en el que el latir del reloj no marca nuestro ritmo vital.
El afeitado clásico es, en suma, un ritual espiritual, ancestral, ecológico, sanador para nuestra piel expuesta a la multitud de químicos que nos rodean.
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